Opción oración
Acción y oración. Ese es el binomio que determina el ser y actuar de un verdadero schoenstattiano.
La acción, viene determinada por la naturaleza de nuestro movimiento, apostólico por excelencia. Pero la oración es sobre todas las cosas una opción, sabia y esencial que queremos hacer.
En esto último quiero detenerme. No he encontrado hombre alguno que en la “era de la información” o en este siglo XXI niegue la aceleración en el vivir y en el comunicar del ser humano. Ya en 1912 el P. Kentenich en su acta de pre fundación resaltaba el audaz avance del mundo exterior (macrocosmos) y el lento y penoso avance sobre el mundo del microcosmos.
Más allá de los hechos que determinan que el hombre “viva” de una determinada forma, quiero ahondar en el ¿por qué? es necesaria la opción por la oración.
En primer lugar, es humanamente saludable. Son pocas las religiones o teorías que estudian y explican el comportamiento del hombre que no consideren o aun peor, que nieguen la necesidad del ser humano de detenerse a mirar y analizar su alrededor y su interior. En otras palabras, detenerse es clave.
Sin duda alguna muchos casos de estrés, de crisis personales y de parejas serían evitadas si optamos por la oración.
En segundo lugar, sin oración no hay una acción fecunda. La oración nos permite por un lado lograr un profundo conocimiento personal, descubrir nuestro universo interior. Por otro lado, nos conduce a descubrir que quiere Dios de nosotros, con nuestras limitadas condiciones.
Dadas estas dos cosas no hay acción que no sea fecunda, porque esta partió de Dios, de una conciencia de instrumentos y de una profunda actitud de niño confiado en la voluntad de su padre.
En tercer lugar, pero no menos importante, la oración nos permite digerir los frutos de la acción. Esto es un imperativo del tiempo.
En primer lugar, realizar esto a menudo nos permite tomar conciencia del actuar real, concreto y cercano de Dios en nuestras cosas.
Por otra parte, la oración tras una intensa vida apostólica nos vuelve a marcar un norte claro. Conociendo nuestro interior, como actuamos y como obró Dios en nuestro actuar, nos disponemos a buscar la voluntad de Dios para los tiempos venideros.
Por último y más importante, digerir los frutos de la acción en la oración nos lanza llenos de vida y vigor apostólico, hacia nuevos horizontes.
En cuarto lugar, nos permite encontrarnos con un Dios real, el Dios de mi vida. La oración nos hace descubrir el actuar cotidiano de Dios en nuestro día a día. Transformando esa teoría (que todos tenemos) de un Dios amigo, misericordioso, exigente y generoso; a realidades puntuales y concretas.
Optar por la oración nos permite darnos cuenta que a través del cariño de todas las personas que nos acompañaron en momentos difíciles, como la muerte de un ser querido, Dios estuvo ahí, acompañándonos en nuestro pesar. Que un reconocimiento de un jefe o profesor por realizar nuestro deber de manera excelente es Dios quien nos "mima" y nos invita a seguir dando todo. Optemos por dejar de buscar apariciones y manifestaciones extraordinarias y busquemos al Dios de mi vida.
Dios es real, Dios no es una teoría y eso lo descubrimos optando por la oración.
Todo esto es lo que estamos viviendo hoy en Dr. Cocca. Luego de una concurrida mateada en “La Represa”, con toda la acción apostólica que esta conlleva, decidimos optar por la intensa vida de oración por lo mencionado anteriormente.
Esta opción, claro está, que no busca el aburguesamiento (ya que los sábados y lunes visitamos familias del barrio) sino más bien busca encontrar el próximo horizonte donde Dios nos quiere lanzar.
Un fuerte abrazo, unidos en la Alianza, Auchi
![]() ![]() ![]() ![]() ![]() |
| Estas son algunas fotos del último tiempo en Dr. Cocca |







