Schoenstatt Misión

  • Coordinación de las fuerzas apostólicas de la Iglesia


Ante la magnitud de los desafíos que encuentra la Iglesia en nuestra época, ninguna comunidad ni institución podría responder satisfactoriamente en forma aislada. Hoy, más que nunca, se requiere unidad a nivel parroquial, diocesano, nacional e internacional, en medio de esta cultura que, por una parte, posee muchos rasgos universales y unitarios y, por otra, divide y aísla a los hombres y a los países. Se trata de afrontar en común el desafío y la tarea emprendida por la Iglesia. Esta misión la asume Schoenstatt en forma original como herencia de San Vicente Pallotti, pionero del apostolado seglar (1795-1850). 

Esta breve descripción de Schoenstatt, su contexto, historia, espiritualidad y metas, quiere sólo motivar a entender en qué contexto se da la educación a la alianza de amor como núcleo vital de Schoenstatt. Una descripción más exhaustiva y sistemática de Schoenstatt se podrá encontrar en otros textos. A continuación sólo agregaremos una breve síntesis cronológica del desarrollo de Schoenstatt.

  • Unión entre lo natural y lo sobrenatural
Este nuevo tipo de hombre, el “hombre orgánico” (porque une, en síntesis armónica, las diversas dimensiones de su vida), es un hombre que posee una mentalidad, un modo de amar y de vivir orgánicos. Su manera de pensar lo lleva a ver y descubrir en el mundo una huella, un camino y un seguro de la vinculación a Dios. Sabe amar a Dios en las criaturas y a las criaturas en Dios. Desarrolla un sistema de vida y una cultura que promueve una verdadera humanización del hombre, devolviéndole esta capacidad de ser persona y de vincularse personalmente, el hombre creará relaciones sanas con Dios, con los hombres, las cosas y el trabajo, y generará, al mismo tiempo, estructuras sociales, económicas, políticas y culturales que encarnen la unión y relación entre fe y vida, entre lo natural y lo sobrenatural.

  • Un nuevo tiempo de comunidad que se basa en hombres nuevos

El hombre que María quiere educar en la alianza es un hombre profundamente filial. María tiene en la Iglesia el don especial de despertar el corazón de hijo del hombre y, en Cristo, abrirlo al encuentro con el Padre hasta que llegue a llamarlo “Abba Padre”. El saberse hijo querido de Dios regala al hombre la conciencia de si dignidad de su libertad; la da seguridad y sentido de corresponsabilidad frente a la misión que el Padre Dios le ha encomendado.

 

De esta experiencia que brota de la alianza con María, de saberse hijos del Padre Dios en Cristo, nace una verdadera y profunda comunión fraternal. En el tú se descubre a un hermano, hijo del mismo Padre; se genera un amor personal, forjador de verdadera comunidad, que tiene como ideal vivir “en”, “con” y “para” el otro. La fusión de corazones y destinos se proyecta luego en una comunidad de misión y tareas. Así se supera la visión colectivista y materialista del hombre que ve al otro como un competidor o enemigo, o bien como alguien “útil” o “tolerable”, siempre que no “invada mi libertad” o “se salga de los márgenes impuestos”.
 

  • ¿Cuáles son los fines de Schoenstatt?

Schoenstatt, como movimiento, tienen tres objetivos fundamentales, encuadrados en el objetivo básico de ser un movimiento de educadores y educación religioso-moral. Sin dejar de apostar elementos teológicos y filosóficos, el desarrollo de Schoenstatt lo ha caracterizado como un movimiento de educación integral de la fe, que, como lo decía el fundador, quiere hacer de “enlace entre la teoría y la praxis”.

En la perspectiva de ayudar a forjar y a educar en la alianza una nueva cultura con los rasgos de María, un humanismo mariano que posibilite la construcción del Reino, se propone:

  •  Primero, forjar una nueva comunidad basada en hombres nuevos;
  • Segundo, que vivan la unión entre fe y vida e integren lo humano y religioso; y
  • Tercero, que incentiven la coordinación de todas las fuerzas apostólicas de la Iglesia para responder así a los requerimientos de los tiempos.


 

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