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La santidad de la vida diaria

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PobreEl mejor 

El Padre Kentenich habla de una "santidad de los días domingos" y de una "santidad de la vida diaria o del trabajo". Con ello indica que nuestra relación don Dios no puede reducirse a momentos en los que expresamente participamos en alguna celebración litúrgica, sino que debe estenderse a la totalidad de nuestra vida. Es la santidad que une armónicamente fe y vida. Por ello trata de hacer "las cosas ordinarias en forma extraordinaria", es decir, con el mayor amor posible. La santidad de la vida diaria se define como la armonía querida por Dios y cargada de afecto entre la vinculación a Dios, a las personas, a las cosas y al trabajo.  

(Tomado del "Manual del Dirigente. P Rafael Fernández)

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